viernes, 20 de enero de 2017

HACIA UN CAMPO POPULAR HORIZONTALIZADO


Saliendo poco a poco de la estupefacción que significó la derrota electoral, el campo popular comienza regenerarse. Enfrente  tiene la novedosa gestión de un gobierno de derecha neoliberal que por primera vez en la historia nacional ha logrado imponerse electoralmente y constituye una alianza de los poderes fácticos que, a pesar de sus internas que comienzan a mostrarse, es un bloque conciso que ha logrado una precaria hegemonía sustentada en la acción de los grandes monopolios mediáticos.
Frente a este experimento, el campo popular ha conseguido avanzar algunos casilleros recién en el último mes de este año, marcándole al gobierno la agenda de la emergencia social, arrancándole subsidios y bonos para los sectores más postergados. Esto fue posible gracias al trabajo conjunto de movimientos políticos y sociales de diferentes marcos ideológicos, sectores progresistas de la iglesia católica y el movimiento obrero organizado representado en la CGT y la CTA.

La movida recibió críticas por izquierda y por derecha, cosa que, se dice, suele suceder cuando se practica el peronismo. Lo cierto que recrudecieron virulentas discusiones hacia el interior del campo popular que muestran a las claras que no hay un liderazgo capaz de unificar el espacio y trazar una única línea estratégica de acción. Pareciera que allí radica una de las mayores debilidades si se piensa en términos electorales. No obstante, vengo a proponer una mirada algo más optimista. La crisis de liderazgo ha llevado a que el campo popular  se viera como lo que es, se volviera transparente en su heterogeneidad. Cruzado por necesidades disímiles, y discursos que van desde el conservadurismo social cristiano hasta las alabanzas a Fidel Castro, pasando por el peronismo en sus múltiples interpretaciones (menos la liberal heredera del menemato que participa de la alianza de gobierno), una de las cuales es el kirchnerismo peronista, la gran mayoría del movimiento sindical, el peronismo nacionalista conservador encarnado en su mayoría por los gobernadores provinciales, el progresismo citadino y gorila heredero de ciertas tradiciones de la izquierda y el socialismo muy parecidos al radicalismo popular, etc. Este panorama variopinto que alguna vez funcionó hegemónicamente bajo el liderazgo de Néstor y Cristina, hoy se muestra horizontal, solidario entre sí aunque falte aceitar engranajes y sanar heridas, no sujeto a un liderazgo unificado, en proceso de discusión. En resumen se horizontalizó. Este proceso quizá permita comenzar a comprender distintos niveles de demandas insatisfechas, diferentes necesidades y subjetividades, y alejarse de un discurso que quizá haya sido demasiado homogéneo e unificado. Resulta lógico que electoralmente el panorama es complicado y falta poco para la elección de medio término, pero visto desde una óptica de construcción, la horizontalidad no sólo parece saludable sino necesaria para el ambicioso objetivo de volver mejores. Las alianzas electorales son armados de coyuntura, lo que aquí se marca respecto de la necesidad de horizontalizar el campo popular apunta a un alcance más largo y profundo del cual deberán necesariamente emerger nuevos dirigentes y liderazgos, pero también nuevos discursos capaces de articular la pluralidad de demandas heterogéneas y hasta contradictorias, para lo cual es preciso salirse de la maniquea lógica de la traición.