lunes, 9 de enero de 2017

LA EXPRESIÓN DE UN PUEBLO



En la Argentina la polarización política se da desde hace más de 60 años entre el liberalismo y el peronismo. El liberalismo ha sido siempre la expresión de las elites, aunque esas elites se hayan ido modificando con el correr de la historia y hayan pasado de la oligarquía agroexportadora que viajaba a Francia con la "vaca atada", al capital financiero trasnacionalizado asociado a los medios de prensa. El peronismo, en cambio, ha sido siempre la expresión de rebeldía de un pueblo ultrajado, explotado, oprimido, humillado, hambreado y ninguneado por las elites liberales y "republicanas" portadoras de un sentido común a tono con los imperialismos dominantes. Cuando el pueblo se siente traicionado, amenazado, estafado, recurre siempre al peronismo como ese refugio último donde se espera una vida más digna, un porvenir. Por eso el peronismo es sobre todo historicidad. Por eso, tambien, los liberales intentan borrar la historia. 
El pueblo estafado durante la década infame encontró en el peronismo su conducto hacia la salvación. El pueblo oprimido durante los 18 años de prohibición y de falsa democracia reencontró en el peronismo la esperanza. Luego de la dictadura y el fracaso alfonsinista, el pueblo volvió a confiar en el peronismo para salir de la crisis (aunque la estafa electoral del salariazo y la revolución productiva fue una traición al pueblo, aun así la esperanza luego de la hiperinflación y la crisis volvió a situarse en el peronismo). Con el desasatre de la Alianza y la caída del gobierno de De la Rua, otra vez el peronismo fue la salida que se opuso a la opción liberal de la dolarización y la bandera tripartita (de Estados Unidos, la ONU y la Argentina. Por si alguno no recuerda, esa posibilidad se barajó en los aciagos días de principios de 2002, y constituía la cumbre del deseo liberal: dolarizar la economía y pasar a ser definitivamente una republiqueta asociada al imperio norteamericano). Desde 2002 hasta 2015 se sucedieron gobiernos peronistas. 
El adversario también juega. Y el peronismo, por su misma naturaleza de mayoría, suele pegarse tambien tiros en los pies. La derrota electoral del 2015 luego de 13 años de gobiernos peronistas, vuelve a situar al liberalismo en el poder. Y como siempre que eso ocurre las mayorías populares son damnificadas con las políticas económicas, les son suprimidos sus derechos individuales y colectivos, vuelven a ser humillados, perseguidos, encarcelados. Por eso el peronismo siempre vuelve, porque es la expresión de un pueblo, de este pueblo. Que cuando está desesperado sabe que hay una posibilidad de que la vida sea un poco mejor, un poco más digna. Que puede haber construciones colectivas y solidarias que se aparten del individualismo egosísta que propone el liberalismo. Que es posible mirar al otro como un compañero al que hay que ayudar y no como un competidor al que hay que vencer.
Por esto, gran parte de la energía liberal está puesta en la desperonización de la vida. Así, los deseos de los formadores de opinión que trabajan para el gobierno liberal, se entusiasman en declarar que el peronismo ya no existe, luego se topan con la realidad cuando descubren que toda la gobernabilidad depende casi exclusivamente del peronismo y su acción parlamentaria y la de los ejecutivos provinciales. El peronismo regresa y regresará siempre que el pueblo se sienta oprimido.