miércoles, 27 de octubre de 2010

En la historia y en el barro

Es ciero, Néstor no paraba, no podía parar, había quizá en su reloj interno un tiempo perdido que ansiaba recuperar. Horas de mascar bronca y resignación en en el frío de Santa Cruz durante los 90, mientras construía el poder necesario que le permitiría en 2003 lograr ser una opción, la tercera opción, la menos deseada, de un Duhalde y un sistema político que se desmoronaba. Noches de recodar a compañeros que quedaron en las mesas de tortura. Avalar decisiones contrarias a sus convicciones obligado por la marcha de una historia de claudicaciones del movieminto del que era parte. Tiempo que había que recuperar y que exigía exponer el cuerpo al máximo. Lanzarse de cabeza a la multitud para ser despedazado.
Néstor era pura voluntad y pragmatismo. Se llevaba puesto todo, hasta él mismo se llevó puesto. Néstor se inmoló en su salsa, en el tiempo perdido que ni su voluntarismo exacerbado le permitió recuperar, en el caprichoso andar de un tipo cualquiera que explota de bronca ante la injusticia.

Quisieron sacarlo a Néstor de dos espacios. Algunos pretendieron negarlo, quitarlo para siempre de la historia en la que hoy a la mañana confirmó su entrada triunfal pero que hacía rato se había ganado. Otros quisieron sacarlo del barro, de la madeja de mediaciones que incluye siempre la política y el ejercicio del poder y que Néstor, por prágmático y por idealista, por templanza, sentimiento y capricho, en fin, por peronista, decidió hacerse cargo, encarar, quedar pegado, enbarrarse hasta los codos. Ya no lo podrán sacar de esos espacios de la memoria destinados sólo a aquellos capaces de situarse en el barro de la historia y moldear con la fuerza de sus convicciones a una sociedad que estaba desvanecida, vencida, desapacionada y triste. Llegó a Presidente de una sociedad en la que sólo quedaba lo peor y no quizo o no pudo con eso, pero sí logró reinstaurar lo mejor que se había perdido, una serie de tradiciones que se habían intentado borrar y dejarnos hoy en una situación de cierto equilibrio donde lo peor aún perdura pero tiene un importante contrapeso, donde la juventud se ha reencontrado con la pasión política, donde se ha vuelto a creer en la posibilidad concreta de un transfromación profunda.

No tengo dudas de que fue el mejor presidente desde el Perón que derrocaron en el 55. Tampoco tengo dudas de que todo será distinto sin él ocupando ese lugar solar que ordenaba nuestra democracia...

Chau Néstor, un líder, un compañero, un tipo común, un amigo...
No vamos a dejarnos ganar por la tristeza.