miércoles, 11 de febrero de 2009

Sobre el peronismo

Dos preguntas me recorren. Una, la primera, me ha sido formulada innumerables veces: ¿Qué es el peronismo? La segunda pregunta me la formulo yo, a la luz de los hechos actuales: ¿Por qué tanto odio hacia el peronismo? Intentaré responder y responderme.
Cuando tengo que explicar el peronismo prefiero empezar por fuera de las ideologías. El peronismo es, ante todo, una sensibilidad. Un reconocerse en los otros, en otro que es a la vez uno mismo, el otro y el yo oprimido, humillado. Y esa opresión, esa humillación es también el inicio de la construcción de una subjetividad. Allí donde hay un oprimido hay un peronista en potencia, sólo hay que lograr que se reconozca junto a otros, sus pares, para que esa subjetividad se potencie grupalmente.
No abordo el peronismo desde su dimensión programática o dogmática sino desde la perspectiva del sujeto, desde la interrogación de qué le pasa a un individuo cuando se identifica como parte de un proceso histórico. Es decir que me interesa la cuestión humana del fenómeno. La formación primaria de una subjetividad peronista que sería una forma o variante de cierto humanismo. Un conmoverse ante los otros que sufren, igual que yo, una condición de opresión y humillación. Se me dice a menudo que el marxismo es algo parecido. Está bien, lo es. Pero el peronismo es un fenómeno plenamente nacional. En el peronismo el conflicto no resuelve en una sociedad sin clases, sino que, a la mejor manera hegeliana, en la superación dialéctica mantiene y conserva las contradicciones. Es decir, el peronismo es esencialmente político porque es un programa de conflicto, de lucha de intereses declarados en el que el Estado cumple la función ordenadora frente a la injusticia de los poderosos. Así, el peronismo sería un programa profundamente democrático y plural.
La segunda cuestión, la del odio, también es delicada. Esconde un profundo racismo. Veamos la tristemente célebre ironía de Borges: “los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles”. Es decir que están determinados. ¿Pero determinados por qué? ¿Por ser peronistas? No, por ser negros, cabecitas, incultos, grasas, pobres. Por eso están determinados. Existe, para esta lectura aristocratizante, una cuestión genética que determina que algunos tengan privilegios y otros no. Forma sin dudas cercana al pensamiento nazi y su raza aria superior. Existen entonces ricos y pobres, cultos e incultos, blancos y negros porque Dios así lo quiere y eso es inmodificable, es una ley natural. Visión que deja de lado cualquier lectura histórica, lo que demuestra la ignorancia y cerrazón de la supuesta mirada “culta”.
El peronismo, con su humanismo, su creencia en la justicia social y en el derecho a la mejora de las condiciones de vida de las clases populares, vino a subvertir el orden “natural” de las cosas. Por eso el odio al peronismo y a los peronistas. Porque según la lectura racista ese orden es inmodificable, equivale a desafiar a Dios. Por eso también los aviones que bombardearon la Plaza de Mayo en el 55 matando a 300 personas inocentes llevaban la leyenda Cristo Vence. Pero recordemos que el “nazi” era Perón, extraño nazi rodeado y apoyado por los cabecitas negras (a quienes Hitler, ciertamente, hubiera aniquilado, igual que quisieron aniquilarlos después todas las dictaduras militares que siguieron a la caída de Perón). Pero hay más, otro motivo que se suma al odio irracional es, justamente, la racionalidad y el pragmatismo peronista. Frente a la posibilidad utópica del socialismo marxista, el peronismo plantea y lleva adelante una construcción social exitosa, posible, deseable. Más insoportable aún para las clases dominantes. Hay que aniquilar esa posibilidad cierta, probada, de subvertir el orden “natural” de las cosas. El peronismo sueña y luego avanza. Construye una sociedad mejor, más justa, más igualitaria y solidaria, sin corroer las bases del sistema capitalista, a la vez que contribuye al enriquecimiento y la grandeza de la Patria. Y eso es lo que asusta y provoca el odio irracional de las clases dominantes, el éxito del peronismo si lo dejaran gobernar, la razón que lo asiste para construir las bases de una Nación poderosa, la decisión inclaudicable de un pueblo movilizado que trabaja para forjar su propio destino.

1 comentario:

Claudio Cabecitanegra Ochoa dijo...

Me gustó bastante la reflexión; no obstante cambiaría en el texto el concepto de "Dios" por el concepto "El Poder Colonial".... te felicito y gracias por la reflexión.