miércoles, 1 de julio de 2009

El elogio de la locura y el puñetazo de Sampanó


Ya sé que estoy piantao /piantao, piantao / no ves que va la luna / rodando por Callao…”

Una sociedad puede mirarse desde lo que integra y desde lo que excluye. Prefiero la segunda opción, a la manera etnológica digamos. A la Foucault.

¿Qué nos dice en este sentido la elección del 28? ¿Qué se fue construyendo como sistema de exclusión? Se sabe, la locura suele ser en la mayoría de las sociedades “lo excluido” por excelencia. Y esta exclusión no tiene nada que ver con la naturaleza de la locura sino con las necesidades de funcionamiento social. Razón y locura plantean entonces un sistema de exclusiones, una coacción. Para que una coacción sea tal debe tener un margen de escape, un punto de fuga. Es decir, requiere no se aceptada por todo el mundo. Se establece entonces un margen. No hay sociedad sin margen.

Desde hace tiempo, el espacio destinado a la locura fue mediática y políticamente construido en las figuras de Néstor y Cristina como formula de exclusión. El ejemplo mas burdo es la despiadada campaña de la editorial Perfil, a través de la revista Noticias. Allí Kirchner es presentado siempre como un loco y Cristina como una enferma bipolar (depresiva) enfermedad de moda que se sitúa tangencial a la locura. La figura retorica elegida, de manera general, no solamente por Noticias, es la del gobierno “autista’, otra categoría medicalizada, otra enfermedad mental. Así, estos enfermos mentales que son los Kirchner, no ven la realidad, son incapaces de salirse de “su” realidad, son locos.

Los seis años de hegemonía kirchnerista, fueron entonces una “fiesta de los locos”, que como en la Edad Media, invirtió los signos del status social tradicional: los indultos y la ideología del perdón fueron reemplazados por los Derechos Humanos y los juicios a los crímenes de lesa humanidad; el mercado por el Estado; los empresarios por los trabajadores como grupo de referencia; los bancos por las fábricas; el cipayismo por la defensa nacional; el ajuste permanente por las negociaciones salariales; las relaciones carnales con Estados Unidos por el Mercosur y el latinoamericanismo; Nazareno por Zaffaroni.

Es decir, Kirchner vino a reinstaurar aquellas simbologías que se creían ya superadas, enterradas para siempre después de la experiencia menemista. Despertó lo que Horacio González llama, las corrientes profundas. Es decir, el sentido histórico. ¿Qué es esto? Se preguntaron sorprendidos, a la manera de Martínez Estrada, los adalides de la normalidad y sus voceros mediáticos. Esto es una supervivencia, un retroceso, algo que ha sido superado, dejado atrás para que nunca regrese. Esto es la locura.

En La Strada, Fellini crea un personaje genial y entrañable, “el loco”, el equilibrista que arriesga su vida en cada acto y que sabe morirá joven. El loco se divierte burlando a Sampanó, esa bestia infame, resentida e ignorante. Gelsomina se enamora del loco perdidamente. Y al loco lo termina matando Sampanó de un puñetazo, como venganza por las repetidas burlas y por envidia del talento y el encanto del loco.

Está loco Kirchner, más loco que Carrió que habla con la virgen. Está loco por jugar a fondo, por tener convicciones (¿No es esta misma palabra un arcaísmo?), está loco por creer en la política como agente del cambio, y en la militancia. Está loco y fuera de moda. Hoy la moda es imitar a Freddy Mercury, la normalidad es “el que mata debe morir” y las buenas relaciones con el tráfico de efedrina (un negocio como cualquier otro), y la oposición desde la Vicepresidencia (como en cualquier país normal), y la manipulación mediática y los festejos de UniónPro en el programa de Marcelo. Y el diario Crítica del lunes que titula: Ganó Cristina (en El Calafate). Como se sabe, los locos niegan la realidad que es la única verdad. Y la normalidad es también la falta de propuestas, los afiches con un play, la política como una marca de dentífrico.

Un cerco de normalidad se cierne entonces para aislar a la locura. Las Madres de Plaza de Mayo vuelven a ser locas. “Si tu patrón te dice que hagas de perro, te pones en cuatro patas y ladrás”, se les dirá a los trabajadores. La normalidad se impone a partir del 28. La Patria del consenso liberal, católico y militar se ha levantado para ordenar las cosas. La fiesta terminó.
Pero… y si los locos son muchos… Muchos más de lo que creían. Si se ponen en movimiento, cantando y bailando, llevando la fiesta a la barriada, el entusiasmo recuperado paseando por las calles. La llama prendida de la locura, el ardor que ha vuelto para quedarse entre nosotros. Terminó el tiempo de un loco, pero queda por venir el tiempo de la locura, ya no como una fiesta momentánea y sorpresiva, sino como lucha permanente. Nunca seremos normalidad. Siempre ardiente fiesta grasa, hecho maldito irrevocable de la historia nacional.

1 comentario:

Martín LatinoameriKano dijo...

Buenisimo, verdaderamente genial.